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En la producción vinícola, mantener controlados los parámetros de humedad es fundamental para conseguir un buen vino, y para optimizar los costes de elaboración. El vitivinicultor regula, en el proceso, las diferentes temperaturas de fermentación de las variedades que trata utilizando termostatos acoplados a los depósitos de los vinos, y también los niveles de humedad.

El control preciso de la humedad en una bodega, tanto en la sala de barricas como en el almacén de botellas es tan importante como el control de la temperatura.

Con unas condiciones de entre el 70% y el 80% de humedad relativa se evitan las mermas y los rellenos. Esto, por un lado, reduce los costes asociados tanto en producto como en tiempo de manipulación, que puede afectar al desarrollo del vino. Por otro lado, manteniendo la humedad controlada se crea el ambiente ideal para la estabilidad y reposo que necesita el producto para ser excelente.

La importancia de la humedad y la ventilación en una bodega

Las necesidades del vino en cuanto a la estabilidad de las variables ya mencionadas (humedad y temperatura) determina, en última instancia, la calidad del producto final. Por eso es vital el control de estas para condensaciones indeseables.

Si la humedad relativa es demasiado baja, la porosidad de las barricas hará que el agua presente en el vino se evapore y aumente así la proporción de etanol; si es demasiado alta, las condensaciones reducirán la merma, pero por otro lado pueden favorecer la aparición de moho. Por eso es vital mantener la saturación en torno a ese 70% (llegando hasta el 80% cuando el vino se ha embotellado).

La ventilación, por otro lado, es otro parámetro que está ligado a los controles de temperatura y humedad. Si es óptima, se evitarán las condensaciones en el etiquetado; si no es óptima y, por ejemplo, incide sobre las barricas, se puede perder hermetismo y originar pérdidas por fugas. Además, la buena ventilación previene la aparición de olores que podrían alterar las propiedades aromáticas del vino.

Cómo eliminar el exceso de humedad en las bodegas

Cada vez más productores utilizan deshumidificadores en su producción. Lo ideal es utilizarlos a lo largo de todo el proceso para mantener un control total en cada momento, y hacerlo en todos los espacios: desde los depósitos de fermentación, pasando por la bodega de barricas, las salas de etiquetado de las botellas, hasta el almacén. En las bodegas abovedadas la humedad tiende a ser muy elevada, algo que trae problemas en forma de agua condensada, moho y gérmenes, olores y condiciones de trabajo peligrosas por lo resbaladizo del suelo.

Para eliminar la humedad excesiva se utilizan secadores estacionarios de alta potencia. Estos dispositivos protegen el vino de manera efectiva contra la humedad, y sirven para los depósitos más avanzados como para el contenido de las barricas. Es la mejor manera de controlar la consistencia del caldo a medida que se transmite agua al exterior, a través de la madera, algo que se controla con el llenado exacto en las barricas.

Para zonas menos extensas, como el área de etiquetado, se pueden utilizar deshumidificadores portátiles que favorezcan las labores, ya que con humedad excesiva, las etiquetas autoadhesivas pierden sus propiedades. Al controlar la humedad en estos puntos se ahorra tiempo y costes, ya que no se necesita preparar las botellas de forma manual.

 

 

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